En embriones, Crispr puede cortar cromosomas enteros, eso es malo

En el Célula En el artículo, investigadores dirigidos por Egli inyectaron Crispr en esperma humano de un donante con una mutación que causaba ceguera en un gen llamado EYS2 que reside en el brazo largo del cromosoma 6. Una vez dentro, Crispr hizo cortes en el sitio de la falla genética. Los investigadores no agregaron ningún material nuevo para corregir la secuencia, porque su objetivo no era necesariamente corregir la mutación. Era más para ver cómo un embrión repararía la rotura si se dejaba solo. Luego usaron el esperma editado para fertilizar óvulos sanos en el laboratorio, creando 24 embriones. Cuando analizaron los genomas de los embriones resultantes, no pudieron detectar la mutación en aproximadamente la mitad de ellos. En la superficie, parecía que la edición había funcionado.

Pero luego miraron más de cerca, utilizando técnicas de detección de ADN desarrolladas por empleados de Genomic Prediction, una startup de Nueva Jersey que vende una herramienta de selección de embriones a las clínicas de FIV, para ayudar a los padres a elegir las que tienen menos probabilidades de desarrollar trastornos genéticos. (Eso incluye cromosomas faltantes o reorganizados, aunque Genomic Prediction es más famosa por sus fundadores incursiones en pruebas de inteligencia para embriones). El software de la compañía contó fragmentos de ADN de los lados materno y paterno del cromosoma 6, revelando que la mutación no se había corregido. De hecho, el material genético aportado por el esperma había desaparecido por completo.

Egli cree que el corte hecho por Crispr no se repara en absoluto, lo que deja un hueco en el ADN. Esa fractura separa el brazo largo del cromosoma de su huso, las fibras que separan los cromosomas durante la división celular. “Si no está unido al eje, se pueden perder”, dice Egli. “A dónde van exactamente, todavía no lo sabemos”.

Este es potencialmente un problema mucho mayor que la mutación inicial que causa la ceguera. Cantidades masivas de ADN faltante o reordenado pueden causar defectos de nacimiento, cáncer u otros problemas de salud, si esos embriones resultan viables. “El resultado no podría ser más diferente de corregir la mutación”, dice Egli. “La pérdida de un cromosoma no es compatible con el desarrollo normal”.

Los experimentos del equipo de Egli, y las preocupaciones de seguridad que plantean, ya han influido en el debate sobre si los científicos deberían utilizar la edición hereditaria del genoma humano, es decir, modificar el ADN de espermatozoides, óvulos o embriones, para prevenir enfermedades genéticas. Estados Unidos prohíbe cualquier experimento que implica establecer un embarazo con un embrión que ha sido modificado genéticamente. Otros setenta y cinco países tienen prohibiciones similares en los libros, según una encuesta reciente sobre las políticas globales de edición de genes. Ningún país permite explícitamente la edición hereditaria del genoma humano, pero muchas naciones no tienen leyes que lo aborden en absoluto.

Un panel de la Organización Mundial de la Salud está trabajando para establecer estándares regulatorios globales coordinados que los gobiernos deben seguir. Julio pasado la OMS emitió un comunicado instando a los países a que pongan fin de inmediato a cualquier experimento que conduzca al nacimiento de humanos alterados. El mes pasado, un segundo comité, convocado por las Academias Nacionales a raíz del escándalo del bebé Crispr, dio a conocer un informe de 225 páginas describiendo cómo podría proceder la edición del genoma humano heredable de forma segura y éticamente permisible. (TL; DR: todavía no; no por un tiempo; no para la mayoría de las enfermedades.) El informe citó el trabajo del equipo de Egli, junto con otros dos preprints que describen modificaciones cromosómicas no intencionales que en ese momento aún no fueron revisadas por pares, como evidencia de que la ciencia aún es demasiado prematura para pasar a ensayos clínicos.

“Es un estudio inteligente, bien realizado y los resultados son muy convincentes”, dice Gaétan Burgio, genetista de la Universidad Nacional de Australia, que no participó en la investigación. Él dice que refuerza el hecho de que la tecnología aún no es segura y requerirá grandes mejoras antes de que alguien intente iniciar un embarazo con embriones editados. “Creo que todavía estamos a kilómetros de trasladar esto a la clínica”, dice Burgio.

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